Asedian y acosan a periodista nacional en Huamantla, los responsables aseguraron ser familiares del hombre fallecido durante La Huamantlada

  • Ya realiza el proceso de denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR) debido a que agredir a una periodista es un delito federal.

Una periodista de un medio de comunicación nacional, que acudió este lunes al municipio de Huamantla, Tlaxcala, para continuar un reportaje sobre las tradicionales alfombras que se exhiben en el atrio de la iglesia de la Virgen de La Caridad, fue víctima de agresiones, asedio y acoso por parte de un grupo de personas, hombres y mujeres, que se dijeron familiares del hombre que murió al ser atacado por un toro de lidia, durante La Huamantlada.

Esto, luego de que ingresó al templo sin saber que en ese momento se realizaba una misa de cuerpo presente de la víctima de La Huamantlada 2026, celebrada el pasado sábado.

La comunicadora entró al recinto religioso con la intención de realizar imágenes del interior y de la imagen de la Virgen de La Caridad, como parte de la cobertura periodística que inició desde hace unos días sobre las alfombras de Huamantla.

Sin embargo, inmediatamente en el interior de la iglesia, un hombre se aproximó a ella y, de manera violenta, le impidió grabar. El sujeto intentó quitarle el teléfono celular y pretendió obligarla a abandonar el templo, sin que la periodista tuviera conocimiento de que en ese momento se llevaba a cabo una misa de cuerpo presente.

Ante la situación, la comunicadora permaneció durante algunos minutos dentro del templo, pero decidió salir al percatarse que estaba rodeada por varias personas, quienes posteriormente se dijeron familiares de la persona fallecida.

Una vez en el exterior, mientras realizaba imágenes de las alfombras colocadas en el atrio, la periodista fue nuevamente confrontada. Más de 15 personas, entre hombres y mujeres, la rodearon y le exigieron que se retirara del lugar además de que dejara de realizar fotografías y videos.

La comunicadora manifestó su desconcierto ante la situación, pues desconocía el motivo por el que estaba siendo señalada y agredida. Ante el incremento del acoso, se acercó a un elemento de la Policía que se encontraba afuera del templo para solicitar auxilio y explicarle que estaba siendo agredida.

En ese momento, varias de las personas que la habían confrontado se aproximaron al agente y la acusaron de haber tomado fotografías y videos al interior de la iglesia durante la misa de cuerpo presente de la persona fallecida.

La periodista explicó al policía que desconocía que se realizaba dicha ceremonia y que su presencia en el lugar obedecía exclusivamente a la elaboración de un reportaje sobre las alfombras, pero que minutos antes había sido violentada dentro del recinto religioso.

Incluso, sin estar obligada a hacerlo, mostró al agente las imágenes que había realizado para acreditar el motivo de su trabajo periodístico.

Pese a la explicación, tanto de la periodista como del oficial de policía, quien también explicó que él no podía impedir la presencia de ella ni de su trabajo porque no estaba invadiendo la privacidad de nadie, las personas continuaron con los señalamientos y el asedio contra la comunicadora.

Ante el ambiente de tensión y por razones de seguridad, el elemento policiaco le pidió a la periodista que se retirara del lugar y que regresar hasta que concluyera la misa.

La periodista aceptó la indicación y comenzó a caminar en dirección al parque de Huamantla. Sin embargo, el episodio de violencia no terminó con su salida del templo.

A unas cuadras de la iglesia de La Caridad, se percató de que la seguían dos mujeres que previamente la habían confrontado dentro y fuera del templo; minutos después también uno de los hombres agresores la perseguía. Las mujeres iban acompañadas de una niña y, mientras caminaban detrás de la comunicadora, le tomaron fotografías y videos.

La periodista solicitó nuevamente el apoyo de un elemento policiaco que en ese momento realizaba funciones de vialidad y tránsito, a quien le explicó que acababa de vivir una agresión dentro y fuera de la iglesia, y que los agresores la estaban siguiendo además de tomándole fotografías.

Ambos policías se coordinaron para garantizar la seguridad de la comunicadora, quien posteriormente acudió al ayuntamiento de Huamantla para solicitar apoyo donde dio la misma explicación y advirtió posibles actos de violencia digital en su agravio al desconocer qué uso le darán los agresores y las agresoras a las imágenes que ilegalmente y de manera violenta obtuvieron de ella.

El contexto de la agresión

La violencia contra la periodista se produjo en un contexto de tensión generado después de la muerte de un hombre durante La Huamantlada del pasado sábado, hecho que fue ampliamente difundido por medios de comunicación locales y nacionales, y que generó miles de comentarios en redes sociales, tanto de respaldo como de crítica.

Algunos de esos comentarios han cuestionado las circunstancias del fallecimiento y, en determinados casos, han incurrido en expresiones que pueden resultar revictimizantes para la misma víctima y para sus familiares.

De acuerdo con lo ocurrido, la molestia de algunas de las personas que agredieron a la periodista estaría relacionada con la cobertura que los medios de comunicación local han realizado sobre el fallecimiento y con las reacciones generadas en redes sociales.

No obstante, la periodista sostuvo ante las autoridades que no tenía conocimiento de que en el interior de la iglesia se celebraba una misa de cuerpo presente además de que la cobertura que hacen otros periodistas en diversos medios de comunicación, como los comentarios de los cibernautas y sus consecuencias, no son responsabilidad de ella.

Insistió en que su presencia en el lugar obedecía a un trabajo periodístico previamente determinado sobre las alfombras de Huamantla. Aún así, prevaleció el acoso, asedio y la violencia contra ella.

El hecho plantea además un problema relacionado con las condiciones en las que periodistas y comunicadores realizan su trabajo, particularmente cuando una cobertura informativa ocurre en espacios públicos y en contextos de tensión social.

Esto, debido a que la iglesia y su atrio, como las calles aledañas, constituyen parte del espacio público. Incluso, las condiciones en las que murió el hombre durante La Huamantlada, ocurrieron en un evento público y masivo celebrado en la vía pública.

La periodista se encuentra actualmente en proceso de presentar una denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR) por la agresión que sufrió, así como por el asedio y acoso posterior, al considerar que fue objeto de actos de intimidación y hostigamiento por hechos que, afirma, desconocía en el momento en que ingresó al templo y que tenían la intención de impedir su trabajo.

El caso también pone de relieve la necesidad de garantizar que las diferencias o inconformidades con la cobertura de los medios de comunicación sean canalizadas por las vías institucionales y no mediante actos de intimidación, persecución o agresión contra periodistas que realizan su trabajo y que ni siquiera tienen relación o responsabilidad en los casos en referencia.

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