El gobierno federal propondrá cambios en los impuestos aplicados a las empresas refresqueras en el Paquete Económico 2026, bajo el argumento de mejorar la salud de la población con la disminución de las bebidas gaseosas.
Como parte de esta estrategia, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el 27 de agosto una campaña nacional para desalentar el consumo de refrescos, con la justificación de que el exceso de azúcar representa un serio riesgo para la salud pública, asociado con enfermedades como la diabetes y la hipertensión.
En tanto, en reuniones con diputados federales de Morena, la consejera jurídica de la Presidencia, Ernestina Godoy, advirtió que las nuevas medidas fiscales podrían enfrentar una fuerte presión por parte de la industria a través de mecanismos de cabildeo.
Por su parte, el secretario de Salud, David Kershenobich, informó que el consumo promedio anual de bebidas azucaradas en México alcanza los 166 litros por persona. Además, siete de cada diez niños y adolescentes ingieren al menos un refresco al día.
De ahí la propuesta que será incluida en el parque económico de 2026, el cual será enviado al Congreso el próximo 8 de septiembre para su análisis y eventual aprobación.
Propuestas desde la sociedad civil y organismos internacionales
Distintas organizaciones civiles y expertos han planteado medidas más contundentes para frenar el consumo de bebidas azucaradas y otros productos nocivos para la salud.
Salud Justa, dirigida por Erick Antonio Ochoa, propuso incrementar los llamados “impuestos saludables” a refrescos, tabaco y alcohol, y sugirió una tasa del 20% sobre bebidas azucaradas, en línea con las recomendaciones internacionales y con el objetivo de actualizar el rezago que data de 2014.
La Alianza por la Salud Alimentaria (ASA) propuso la iniciativa “3 para el 35”, que busca elevar gradualmente los impuestos a estos productos hasta alcanzar el 50% para el año 2035.
Según la organización, el impacto económico del consumo de alcohol, tabaco y productos ultraprocesados representa un costo significativo para el país, mientras que la recaudación fiscal por estos conceptos apenas alcanza el 0.6% del PIB.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un aumento mínimo del 20% en el precio de bebidas azucaradas para reducir su consumo, sobre todo entre adolescentes y personas de menores ingresos. Esta estrategia también cuenta con el respaldo del Banco Mundial y la OCDE.
De acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), un aumento del 20% en el precio de refrescos podría reducir su consumo entre 16% y 19%.
Impactos previstos en salud y recaudación
Un estudio de Fundar estima que un incremento del 20% en el precio de estas bebidas podría prevenir hasta 970,000 casos de obesidad, además de generar ingresos fiscales superiores a 104,000 millones de pesos, lo que equivale al 60% del presupuesto del IMSS-Bienestar.
Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, destacó que el consumo de refrescos representa una fuerte carga para el sistema de salud, con costos por diabetes que superan los 50,000 millones de pesos anuales solo en el IMSS.
En 2020, el consumo de bebidas azucaradas se relacionó con aproximadamente un tercio de los nuevos casos de diabetes en el país. Datos oficiales reportan 22,500 muertes por esta enfermedad y 23,500 por padecimientos cardiovasculares asociados al consumo de azúcar.
Además del daño a la salud, el impacto económico de estos productos es significativo. El tabaco, por ejemplo, se asocia con más de 63,000 muertes anuales y genera costos por 195,000 millones de pesos, frente a una recaudación fiscal de solo 49,000 millones.
Antecedentes e influencia de la industria
Desde 2014 existe en México un impuesto de un peso por litro a bebidas azucaradas, lo que representaba entonces el 10% del precio.
Según el Instituto Nacional de Salud Pública, esta medida logró reducir el consumo en un 6% inicialmente, aunque con el tiempo el impacto ha disminuido y hoy representa apenas el 5% del precio final.
La industria refresquera, tabacalera y de bebidas alcohólicas ha mantenido una fuerte capacidad de cabildeo en el Congreso.
En respuesta a las presiones regulatorias, varias compañías han diversificado su portafolio con productos bajos en azúcar o sin calorías. Empresas como Coca-Cola Femsa y Arca Continental reportan aumentos en la venta de bebidas “Zero”.
No obstante, especialistas advierten que en México el consumo de refrescos muestra una demanda inelástica, es decir, poco sensible al precio.
Organizaciones civiles también han denunciado prácticas como el “sportwashing”, mediante el cual las refresqueras patrocinan eventos deportivos de alto perfil para mejorar su imagen pública, pese al impacto negativo de sus productos en la salud.

